¡Hágase la Mujer!

 

-Dios.- ¡Hágase la música!

 

Y solemne, la música obedece a su creador.

 

-Dios.- ¡Abrase el telón!

 

Se abre el telón. El escenario permanece a oscuras.

 

Dios.- ¡Hágase la luz!

 

Se ilumina el escenario. Un escritorio al centro, una mecedora a la derecha y un pequeño sofá a la izquierda. Cerca del escritorio un colgador.

Tras el escritorio, Dios, cómodamente recostado, parece absorto en la lectura de  un periódico. Su rostro permanece oculto tras las páginas. Sobre la mesa se acumulan expedientes, carpetas, planos, reglas, cartabones, un teléfono, un portarretratos con la foto de Dios, una varita mágica, servilletas, vasos plásticos y restos de pizza.

Suspendido en el aire cuelga el triángulo divino con el habitual ojo de Dios en el centro. Más arriba un lema:”El Paraíso C por A” Se oyen unos golpes. Alguien llama a la puerta. Dios responde sin apartar sus ojos del periódico ni descubrirse al público.

 

Dios.- ¡Abrase la puerta!

 

La puerta se abre y entra el Angel-Serpiente, una especie de asistente que el divino tiene en la oficina. Viste un extraño traje de color verde. De andar ligero y amanerado, lleva una caja envuelta en papeles de brillantes colores con la que cruza la oficina al ritmo de un cadencioso son. Parece encontrarse de muy buen humor.

 

-Angel-Serpiente.- ¿Cómo le amaneció hoy a mi señor y dueño? Como os lo aseguré vuestra aura ya está lista. Vos no me creíais…”cómo va a ser que en tres días, pues hombre, y como están las cosas en esta época del año…” (imitando el acento y la voz divina)…pero es que La Celestial tiene al servicio de su distinguida clientela la más variada gama de destellos multicolores y a precios verdaderamente milagrosos…¡Vístase de gloria…en la Celestial!

 

Cuando repara en que Dios, entretenido con la lectura, no le atiende, cambia de tono y de expresión.

 

-AS.- ¿No estaréis enojado conmigo? ¿Es por eso que no me habláis? Seguro que ya os ha ido el hombre con el cuento… ¿verdad?, pero vuestra merced sabe que son infundios, esos de que yo cobro comisión de La Celestial. Si todas las compras las encargo en La Celestial es porque La Celestial ofrece calidad y al menor precio. ¿Cómo iba yo a aceptar poner en duda mi honor, arrojar por la borda mi prestigio, traicionar vuestra confianza…? ¿Cómo iba a permitir que fuera mi dignidad impelida al fango nauseabundo de la corrupción y el peculado…y todo por 145 euros  con 75 centavos? ¡Pongo a Dios por testigo…!

 

El Angel-Serpiente interrumpe su acto de fe al advertir que Dios, finalmente, reacciona. Este, salta distraídamente por encima de la mesa desentendiéndose del periódico. Viste su tradicional uniforme blanco.

 

-Dios.- ¡Hoy es el gran día! ¡Todos los periódicos hablan de ello…la radio, la televisión…hasta los mudos hablan de ello! ¡El mundo ya es una realidad a la espera de ser inaugurada y la espera va a concluir dentro de breves horas! Tanto tiempo esperando este momento, el sublime instante en que las manecillas de la Historia pongan en marcha la gloriosa singladura del hombre por la vida y quede inaugurado el paraíso…el más bello sueño que he tenido…

 

Por fin, Dios repara en su asistente y a su triunfal proclama agrega un tono de preocupación.

 

-Dios.- ¡Ah…estabas ahí! ¿Cómo va todo, se sigue trabajando en los preparativos?

 

-AS.- ¡Oh sí, mi señor! Es increíble la constante afluencia de animales. Desde primeras horas de la mañana, miles y miles de especies se han ido concentrando en los bellos jardines del Paraíso y aguardan expectantes su inauguración…

 

Dios.- ¿Y qué más?

 

-AS.- Bueno…que os digo, mi señor…Todas las aves, todas, sobrevuelan el Paraíso ejecutando sorprendentes cabriolas y piruetas, contribuyendo con sus vistosas evoluciones  a resaltar aún más el colorido y la alegría de este magno evento próximo a comenzar

 

Dios.- ¿Y qué más?

 

-AS.- Alrededor de la tribuna…miles de gallinas, perros y caballos desfilan majestuosamente ante el aplauso unánime de una multitud de bestias que no cesan de entonar hermosos cánticos de amor y esperanza a la espera del acto de apertura…

 

Dios.- ¿Y qué más?

 

-AS.- Y también se han dispuesto magníficos arreglos florales y se han sembrado nuevos árboles frutales y se han limpiado los arroyos cristalinos y se ha cortado el césped…

 

Dios.- ¿Y qué más?

 

-AS.- Y todos los animales y las plantas y este vuestro más humilde servidor aguardan impacientes el histórico momento en que el Paraíso quede inaugurado…

 

-Dios– ¿Y qué más?

 

Harto del interrogatorio y acorralado por las evidencias, el Angel-Serpiente se declara.

 

-AS.- ¿Pues que no aparece el hombre, coño!

 

Cuando repara en su grave error, recula buscando protección tras el sofá, dada la creciente indignación divina.

 

-Dios.- ¿Cómo? ¿Qué no aparece el hombre? ¿Repite lo que has dicho?

 

El Angel-Serpiente asoma su cabeza por detrás del sofá y temeroso, repite lo dicho aunque limitándose sólo a vocalizarlo gestualmente.

 

-Dios.- ¿Tú sabes lo que estás diciendo?

 

El Angel-Serpiente decide dar la cara.

 

-AS- Ya sabéis bien cómo es el hombre. Tan pronto parece satisfecho y feliz como se deprime sin razón alguna… ¡Que animal más necio… con perdón!

 

Dios se acerca amenazador a su asistente

 

Dios.- ¿Dónde está el hombre?

 

-AS.- No lo sé…todavía no lo sé…pero creo que ya sé la manera de resolver el problema…

 

Dios.- ¿Ah sí…tú sabes cómo se resuelve el problema?

 

Dios levanta por las patillas al Angel-Serpiente.

 

-Dios.- Yo te diré cómo se resuelve… ¡encuéntralo!

 

Pateado en las nalgas, el Angel-Serpiente rueda por el suelo. Cuando finalmente se detiene, desde el suelo, insiste.

 

-AS.- Su divina merced…yo creo que si se prescindiera del hombre se evitarían muchos sobresaltos y disgustos y aquí, en el Paraíso, existen otras bestias tan inteligentes como el hombre…y mucho más razonables, por cierto, yo mismo, aquí donde me veis…

 

-Dios.- Cállate. No quiero volverte a oír repetir esa tontería. El hombre es mi obra maestra, la obra más perfecta que he creado… ¿es que no vas a acabar de entenderlo nunca? Ningún ser, ni animal, ni vegetal, tiene la capacidad de discernimiento que tiene el hombre. Yo he creado la rosa, por ejemplo. De un antiguo recuerdo y un secreto de luces y guirnaldas hice crecer la gracia por un beso de pétalos y lunas…para que la rosa existiera. Y el hombre ¡construyó floreros para las rosas!

Yo he creado la alondra, con un soplo de aliento y un corazón de flautas y campanas puse a latir un verso en un pañuelo de círculos y plumas, para que la alondra existiera. Y el hombre construyó ¡jaulas para las alondras! ¡Qué talento, qué imaginación, qué derroche de ingenio!   

 

A media voz murmura el Angel-Serpiente

 

-AS.- Nos ha jodido el poeta…

 

-Dios.- El hombre es el más acabado mecanismo que he puesto a funcionar y será él y no otra bestia quién herede la tierra. Y ya vale de discursos. Si deseas conservar tu cargo te quiero de vuelta antes de treinta minutos y si no vuelves con el hombre no te tomes la molestia de regresar…

 

-AS.- Inmediatamente…vuestros caprichos son mis fundamentos…

 

-Dios. Pero a qué estás esperando…vamos, muévete rápido, rápido.

 

Antes de retirarse el Angel-Serpiente se desahoga con el público

 

-AS.- Quién lo entiende, primero me hace serpiente y ahora pide velocidad¼ Lo que hay que aguantar en este maldito Paraíso.

 

A solas, Dios pasea su decepción por la oficina.

 

-Dios.- Siete días con sus noches trabajando sin descansar en la creación del mundo y hoy que se inaugura el Paraíso…el hombre no aparece. ¿En dónde se habrá metido?

 

De improviso, como si se percatara de alguna contradicción, reflexiona frente al público.

 

-Dios.- Sí, ya sé que soy Dios y Dios todo lo sabe, pero una cosa es que sea Dios y otra que tenga que estar dando facilidades… En fin, ojalá que los del informativo de televisión ya tengan noticias sobre el caso… ¡Préndase el televisor!

 

Bajo una luz cenital, en un extremo del escenario, aparecen dos locutores.

 

-Locutor A.- Muy buenas noches. En los próximos minutos estaremos informándoles de las últimas noticias llegadas a nuestra redacción de Tele-Cosmos…

 

-Locutor B.- Psssst… usted… sí, sí, usted…¿Qué pretende hacer? ¿Es que quiere ahorcarse? Sí, ya sé que no le van bien las cosas, pero antes de ahorcarse reflexione, no se precipite. Uno sólo se ahorca una vez en la vida. Use una soga de calidad y garantía. ¡Sogas La Celestial…su último deseo!

 

Locutor A.- Expulsan condenado del Infierno por apagar las llamas…

 

-Locutor B.- ¿Se va a casar? ¿Necesita un fotógrafo? Estudio Fotográfico La Celestial… ¡No le aseguramos la felicidad, pero le fotografiamos el intento!

 

Locutor A.- La elegancia tiene un nombre… ¡La Celestial! ¡Quítese la hoja y vista como Dios manda! ¡Pague hoy e hipotéquese mañana!

 

Locutor B.-Y hasta aquí el avance de las principales noticias llegadas a nuestra redacción…

 

Locutor A.- Una vez finalice el capítulo 1492 de “Llámame a la Magdalena”, retransmitiremos en directo por cortesía de La Celestial el solemne acto de apertura del Paraíso. Para toda la teleaudiencia de tele-Cosmos, el canal divino, reportó…

 

El Angel-Serpiente irrumpe en escena y con disimulo pasa una nota de prensa y algunos billetes a uno de los locutores.

 

Locutor A.- ¡Ultima hora, última hora! Continúan los rumores en el Paraíso en torno a la posible suspensión del acto de apertura. Se cree que la medida podría estar relacionada con la sorprendente desaparición del hombre ya que como se sabe y se especula, existen fuertes desavenencias entre Dios y su supuesta obra maestra cuya inmoralidad y haraganería parece haber agotado la paciencia de Dios…

 

Dios interrumpe indignado a los locutores…

 

-Dios.- ¡Pero qué están diciendo…fuera, fuera de aquí!

 

Ya a solas, vuelve la desazón a Dios que se pasea por el escenario y el patio de butacas.

 

-Dios.- He cuidado hasta el mínimo detalle. Nada entre lo creado es producto del azar. Todas las cosas, antes de que existieran, fueran planificadas y corregidas con tanta meticulosidad y tan repetidamente, que todavía no me explico que sólo me tardara una semana…y ni una mota de polvo ha quedado fuera de su sitio. ¿Alguien ha visto acaso un reptil que vuele? ¿O un ave que se arrastre? Todos los burros, no importa su color, o su raza, o su ideología…tienen cuatro patas. No hubo ninguno que me saliera con tres o con cinco o sin ninguna. A todos los puercos les encanta el fango y enlodarse ¿y alguien sabe de un puerco que se afeite antes de salir? Todas las ratas las hice repugnantes, asquerosas y las puse a vivir en las cloacas ¿y alguien ha visto una rata embelleciéndose delante de un espejo?

Tanto trabajo, tantas noches en vela, problemas, retrasos, sacrificios, para que todo resultara perfecto y hoy que se inaugura el Paraíso…el hombre no aparece. Más de 400 invitados entre dioses, profetas y bestias…Tres meses preparando el “batton-ballet” del paraíso…exposiciones, conferencias, ruedas de prensa…

 

Dios abandona el Paraíso sumido en una profunda depresión a la vez que irrumpe en el patio de butacas el Angel-Serpiente.

 

-Angel-Serpiente– Como si uno no tuviera otra cosa que hacer que pasarse el día buscando a ese sinvergüenza… ¡Hombre, aparece…churriento, gilipollas, pringón de mierda…Pero así se me agradece mi dedicación al trabajo, mi entrega, mi sacrificio…

 

Finalmente, con ayuda del olfato, lo encuentra tratando de pasar desapercibido entre el público. El hombre dispone como único atuendo de una hoja de parra, convenientemente ancha. A latigazos, el asistente de Dios lo empuja hasta el escenario. Cuando más grave se torna para el hombre la situación, hace su entrada Dios, que al ver al hombre lloroso, se apresura a consolarlo. El Angel-Serpiente, ya con el látigo levantado y a punto de dejarlo caer sobre el hombre, disimula saltando a la comba con ayuda del propio látigo.

 

-Dios.- Gracias a Dios que llegaste… ¿Y qué pasó hijo mío, por qué te ocultas a mis ojos? Vamos,  no temas, sé que hay algo que te atormenta. No hace falta ser Dios para darse cuenta. ¿Por qué no eres feliz? Precisamente hoy que se inaugura el Paraíso, hoy que es un día de de gloria, de júbilo, de clamor… ¿Tú no puedes estar triste? ¿O sí?

 

Tras confirmar Dios sus peores augurios decide tomar la iniciativa.

 

-Dios.- ¡Toma mis manos, hijo mío, toma mis manos y siente el poder de Dios…que no silencie tu corazón la pena que te aflige…!

 

El Angel-Serpiente, de pie sobre el sofá, colabora entusiasmado.

 

-Angel-Serpiente– ¡Aleluya, aleluya, loado sea el señor y toda su corte celestial…aleluya, aleluya, Jehová es mi pastor!

 

Dios lo interrumpe secamente

 

-Dios.- ¿Qué haces ahí todavía? ¡Fuera, fuera, retírate!

 

Angel-Serpiente.- Inmediatamente, vuestros deseos son órdenes para mí…

 

El Angel-Serpiente se retira y quedan a solas Dios y el Hombre, que comienza a llorar con más fuerza, como un bebé que reclama la atención de su padre.

 

Dios.- ¿No habrás comido del fruto prohibido?

 

-Hombre.- No, todavía no.

 

-Dios.- ¡Ah…ya sé lo que te pasa! ¿Es por qué no te he dado alas…verdad? Pero eso no es un problema, eso lo resuelvo inmediatamente…

 

Dios toma el teléfono y se comunica con el Departamento de Aderezos Aéreos. Cuando el hombre advierte lo desencaminado que anda su creador, apela a llorar de nuevo, con más fuerza. Dios, que lo advierte, entiende que debe existir otra razón que explique el desconsuelo humano.

 

-Dios.- ¿Quieres tener más brazos? ¿Tal vez otra cabeza? Todavía estamos a tiempo de introducir cualquier arreglo, pero es necesario que confíes en mí, sólo tienes que pedir lo que desees…

 

-Hombre.- Señor…los puercos no están dispuestos a limpiar el suelo ni a fregar los platos…el caballo dice que no puede barrer… las cabras no son las más indicadas para lavar… ninguna gallina sabe cocinar… las vacas se niegan a ordeñarse solas…las mariposas, aún cuando son muy bellas, no son costureras y¼ si bien es cierto que nada supera a la rosa en fragancia y armonía, las rosas no cortan leña, ni desgranan mazorcas, ni despiojan…Yo mismo, con todo y ser tu obra maestra, siendo el más inteligente, no puedo, sin embargo, engendrar otra vida…

 

-Dios.- ¿Y has hablado ya de todo esto con el Angel-Serpiente?

 

-Hombre.- El Angel-Serpiente se niega a entrar en razón. Dice que él no es bacinilla de nadie.

 

-Dios.- A ese yo lo voy a arreglar de una vez por todas…y en cuanto al resto de las bestias, me van a oír. Los puercos limpiarán, los caballos barrerán, los chivos aprenderán lo que haga falta y tú, si así lo deseas, parirás tu propia descendencia.

 

Lejos de animarse ante tan gratas perspectivas, el hombre prorrumpe de nuevo en sollozos. Dios, hastiado con la situación, reacciona agresivamente.

 

-Dios.- ¿Y qué pasa ahora? ¿No te estoy asegurando que el problema va a resolverse? Ya no solloces más, por favor, cálmate ya… ¡Maldita sea…! Todo lo he creado pensando en ti. Tienes agua, comida, cobijo…Eres inteligente, decidido, fuerte…te he asegurado el respeto y la sumisión de las restantes bestias…Ninguna se puede comparar contigo… ¿Qué más quieres?

 

También el Hombre parece cansarse de la discusión y decide ir al grano.

 

-Hombre.- ¡Lo que quiero es no perder miserablemente el tiempo todo el día metido en el Paraíso! A estas alturas, las bestias han formado sindicatos y cualquier acción que pretendas contra ellas sólo servirá para empeorar más mi situación y yo, hasta el momento, no hago otra cosa que joderme la existencia trabajando para que esas bestias se alimenten, descansen, disfruten y encima se burlen de mí… ¿Qué puedo hacer con la imaginación, barrer el piso? ¿Qué puedo hacer con la inteligencia….regar las plantas? ¿De qué sirve la calle desde la ventana? ¿Hallaré la fuente inagotable de la sabiduría… en la despensa?

 

El Angel-Serpiente entra en la oficina interrumpiendo las quejas del hombre

 

-Angel-Serpiente.- Con permiso…los animales se están yendo. Yo he tratado de hacer valer mis influencias pero mis denodados esfuerzos por evitarlo me temo que no han dado el fruto apetecido. Se están yendo todos, todos, todos. Bueno, sólo faltan por abandonar el Paraíso algunas tortugas y caracolitos, por razones obvias…

 

-Dios.- No importa. Anuncia por los altavoces que la inauguración ha quedado suspendida indefinidamente…y ahora retírate.

 

Angel-Serpiente.- ¿Me llevo también al Hombre?

 

Dios.- ¡He dicho que te retires, que te retires…!

 

Molesto por el tono divino, el Angel-Serpiente se dirige hacia la puerta, pero antes de salir y al observar a Dios de espaldas, obsequia al hombre unos cuantos procaces gestos, que no pasan, para su desgracia, desapercibidos al creador.

 

Dios.- Ya estás otra vez de mañoso… Como te vuelva a sorprender en esas licenciosas procacidades te voy a condenar a arrastrarte el resto de tu existencia…serpiente mal nacida.

 

Angel-Serpiente.- Y qué se creerá este que vengo haciendo, sino arrastrarme, arrastrarme y arrastrarme…

 

Desconcertado, Dios vuelve a pasear su frustración por la oficina mientras el Hombre se mantiene a la expectativa.

 

-Dios.- Voy a hablar seriamente con el Angel-Serpiente porque nadie mejor que él para poner orden entre las bestias…

 

-Hombre.- Sería inútil… El Angel-Serpiente es tan corrupto que ni siquiera se puede confiar en que te traicione…

 

-Dios.- Pues es preciso resolver este problema cuanto antes…ya no podemos prolongar más esta situación…

 

De improviso Dios interrumpe sus cavilaciones. Algo parece habérsele ocurrido y alborozado se vuelve hacia el Hombre.

 

-Dios.- Claro…ya está…

 

El Creador se  hace sitio en su mesa de trabajo, toma papel y lápiz y propone mientras diseña.

 

-Dios.- ¿Qué te parece si te invento la escoba?

 

El Hombre no parece entusiasmarse con la idea y reinicia sus gimoteos.

 

-Dios.- ¿No decías que los caballos se negaban a barrer? Pues con la escoba les será más cómodo…y también podría inventarte la lavadora, la secadora, el lavaplatos…

 

-Hombre.- No se trata sólo de eso…además, ¿qué podría hacer yo con el lavaplatos….por las noches?

 

-Dios.- Puedes lavar platos si así lo deseas… ¿cuál es el problema?

 

-Hombre.- No sólo de lavar platos vive el hombre… Me gustaría ocupar la noche y, sobre todo, la cama, en otros quehaceres más sensuales que lavar platos, en otras ocupaciones más… ¿Tú me entiendes?

 

Dios no lo entiende

 

-Dios.- ¿Vas a acabar de decirme lo que te pasa?

-Hombre.- Me siento solo.

 

-Dios.- ¿Solo? ¿Aquí, en el Paraíso?

 

Dios busca en el público apoyo a su perplejidad

 

-Dios.- Miles de especies de dos y cuatro y cien patas incluso. Tenemos ladridos, maullidos, relinchos, rebuznos…especies con plumas, especies con escamas…Animales con cuerno y sin cuerno, con pico y sin pico, con rabo y sin rabo…bestias de todos los colores y tamaños…Domésticos, salvajes, más rápidos, más lentos…Especies para río, para selva, para pantano, para montaña…Cuando ya no quedan en el Paraíso una piedra, una hoja o una nube que no la ocupe algún insecto o ave…este jodido sale con que se siente solo.

 

Hombre.- Solo sí…solo en una cama demasiado ancha como para que duerma solo…sin nadie que me reconforte por la dura jornada…sin una expresión de cariño que endulce mi soledad…sin ternura a media noche…sin una simple caricia que me levante el ánimo…solo…solo…solo…¡Sin nadie a quien joder!.

 

Dios parece ir comprendiendo la verdadera dimensión del problema humano. El Angel-Serpiente reaparece de nuevo

 

-AS.- Perdón si interrumpo, pero pasaba por ahí y no pude evitar oír toda la conversación…Creo que tengo la solución al problema humano.

 

El secretario de Dios se pavonea de puntillas ante el temor del Hombre

 

-Hombre,- No lo dejes hablar, haz que se vaya…

 

AS.- Yes, my darling, sería una lástima que tan oportunas sugerencias se echaran a perder, pero en fin, ya que insisten… Total, de mejores paraísos me han echado…

 

Cuando el Angel-Serpiente estaba a punto de perderse por la puerta, Dios lo reclama.

 

Dios.- ¡Espera…yo no he dicho que te retires todavía…!

 

-Hombre.- Pero señor…nada de lo que diga puede ser sensato…

 

-Dios.- Ya no tenemos a dónde recurrir…y además, ¿qué perdemos con oírle? Siempre estaremos a tiempo de mandarlo callar.

 

Desafiante, Dios se dirige al Angel-Serpiente.

 

-Dios.- Si tienes algo que decir, ahora es el momento

 

Con aires de suficiencia, el Angel-Serpiente se pasea por la oficina consciente de la atención que ha suscitado su intervención.

-AS.- He estado cavilando todo lo que concierne a tan enojoso conflicto de intereses y luego de recopilar, organizar y analizar el marasmo de datos de que disponemos, un enfoque objetivo del enfoque en estudio, en el presente marco conceptual, nos remitiría a aceptar que dados los retos que la globalización nos impone a las puertas de un nuevo milenio y considerando la presenta coyuntura contrastada en sus distintos niveles, niveles por cierto de desarrollo desigual y alterno…

 

Impaciente Dios por la perorata de su asistente se aproxima a este amenazador. Al advertirlo, el Angel-Serpiente da por terminado su discurso con la simple y apresurada exposición de su propuesta.

 

-AS.-…que el hombre necesita a su lado una compañera.

 

La propuesta conmociona a todos. Consciente de ello, el Angel-Serpiente vuelve a la carga.

 

-AS.-  Propongo que, en tanto en cuanto la cuestión se limite a averiguar el nombre de la bestia que será agraciada con tan alto honor, el hombre escoja una bestia provisional con la que holgar y refocilarse, que no sea yo, y que al mismo tiempo le sea concedida la gracia de procrear su propia descendencia…he dicho.

 

-Hombre.- Me niego, me niego…esa propuesta es inaceptable. Ya sabía yo que saldría con eso.

Dios que parecía dar crédito a la propuesta, observa extrañado al hombre.

 

-Dios.- Pero hombre… ¿Y qué es lo que no te agrada de la propuesta? Entre todas las bestias del Paraíso alguna habrá que se acomode a tu cintura y tú mismo me sugerías hace un momento la posibilidad de parir y multiplicar tu descendencia…

 

El Angel-Serpiente aprovecha la oportunidad para desacreditar a un hombre cada vez más desconcertado.

 

-AS.- ¡ Si es que nada le satisface lo bastante…él es realmente el problema, él es el problema…!

El hombre sale de su aturdimiento e improvisa una nueva estrategia.

 

-Hombre.- ¡Oh mi Dios y creador, padre misericordioso…! ¿Le harás más caso a este pérfido y viscoso reptil que a tu obra maestra? Lo que el Angel-Serpiente propone hace ya tiempo que lo intenté.

 

La noticia provoca la consternación de todos. El Angel-Serpiente se santigua, retirándose hacia el sofá. Dios también  sienta su desolación en el otro extremo. El hombre, se confiesa.

 

-Hombre.- Cuando todos dormían yo me levantaba a escondidas de mi desierto lecho y buscaba entre las sombras alguna amable y dulce compañía con quien compartir la soledad de la noche…

 

-AS.- No te esfuerces, no te esfuerces, que ya sabemos por dónde vas… ¿Seguro que eran noches de plenilunio, verdad?

 

-Hombre.- ¿Cómo lo sabes?

-AS.- Su obra maestra…valiente porquería

 

Dios.- Dejar ya de discutir… ¿Y qué pasó mi hijo, qué pasó?

 

-Hombre.- Visité gallineros, establos, pocilgas…No hubo corral al que no entrara ni porqueriza que yo no conociera. Me asomé a nidos, sorprendí aves y becerras, escudriñé cuevas y madrigueras… pero todo fue inútil…

 

AS.- ¡Ahora me explico por qué era que no ponía la gallina!

 

-Hombre.- En todo el Paraíso no hay bestia que sea  tan dócil como para aceptar mis requerimientos amorosos siempre que yo lo desee… ninguna bestia tan sumisa y obediente que se conforme y dedique su existencia a procurarme placer… ninguna bestia tan complaciente y servicial que me lave los pies si regreso cansado, me alimente si vuelvo con hambre o me planche la hoja si voy a salir… ninguna bestia tan paciente y generosa que vea por mis ojos, oiga por mis oídos y que trabaje por sus brazos…. ninguna bestia que me cuide y atienda si regreso borracho a media noche… y en cuanto a la posibilidad de que yo pariera…¿no habría otra forma de resolverlo? porque eso sí que constituiría un problema… Tendrías que dotarme de vagina, de útero, de senos, de placenta y debes estar muy fatigado. Demasiadas emociones para un solo día, siéntate y relájate, has creado excesivamente y ahora es necesario que descanses…

 

El Angel-Serpiente decepcionado por el giro de la situación, se retira murmurando

 

-AS.- Corrupto, embaucador, pero ya verás, ya verás lindo cuando maduren las manzanas.

 

El hombre masajea las sienes de Dios

 

-Hombre.- Yo también he estado pensando, he estado dándole vueltas al problema y por primera vez y sin que sirva de precedente, coincido con el Angel-Serpiente. Realmente necesito a mi lado una compañera, pero una compañera que no está en el Paraíso y que no puede ser tampoco cualquier compañera…necesito conmigo alguien especial…

 

-Dios.- ¿Alguien igual a ti?

 

-Hombre.- No necesariamente igual, qué te digo. Tendrían que establecerse ciertas diferencias que faciliten la futura convivencia… ¿Tú me entiendes? Su voz, por ejemplo, deberá ser suave y melodiosa, casi musical…

 

-Dios.- Pero sin que resulte monótona…

 

-Hombre.- De timbre delicado y fino, casi angelical…

 

-Dios.- Pero sin que parezca ridículo…

 

-Hombre.- Una voz sensual, erótica, casi voluptuosa, incluso lúbrica, libidinosa, lasciva…

 

-Dios.- ¡Pero sin que sea pornográfica!

 

-Hombre.- No, claro que no… ¿Qué te hace pensar eso? Además, esa voz sería sólo para hablar conmigo¼

 

-Dios.- Tú lo que quieres es una ventrílocua…

 

-Hombre.- Cuando camine, se moverá con gracia, con garbo, que más que andar, desfile…Lo que yo necesito es un ser de carne y hueso…

 

-Dios.- Con más carne que hueso…

 

-Hombre.- Alguien a mi imagen y semejanza

 

-Dios.- A tu imagen y semejanza…pues no sé si me acordaré…

 

Dios reflexiona. Evidentemente está tratando de acordarse.

 

Dios.- Pero habrá de ser fuerte, tan fuerte como tú lo eres porque sólo si es fuerte podrá desempeñar tantos oficios…

 

-Hombre.- Sí, pero le haremos creer que es delicada como pétalo de rosa para que ignore su fuerza.

 

-Dios.- Y también deberá ser valiente, decidida, porque hace falta valor para cargar tan pesado…

 

-Hombre.- Valor y espaldas, pero sería bueno que se creyera temerosa como cordero para que ignore su poder.

 

-Dios.- Y también habrá de ser inteligente, porque sólo si es inteligente podrá servirte a tiempo y con eficiencia…

 

-Hombre.- Sí, pero le haremos creer que es torpe como gallina para que ignore su razón.

 

El Hombre y Dios se van entusiasmando con la idea.

 

-Hombre.- Lo que yo necesito es alguien con quien poder justificar mis errores y a quien poder culpar de mis fracasos…

 

-Dios.- Alguien un poco masoquista

 

-Hombre.- Alguien que se ocupa y resuelva todos los problemas de la casa, que me ayude en el trabajo y me procure placer y engendre mi descendencia…lo que yo necesito es una…una…una

 

El Hombre, que todavía confía en que Dios interprete el nombre de la bestia que quiere por compañera, dibuja en el aire sugerentes curvas en la esperanza de que sea el creador quien le ponga el nombre a su necesidad.

 

-Dios.- Una…una…

 

-Hombre.- Una…una…

 

-Dios.-…una…una pelota.

 

-Hombre.- ¡Una mujer, coño, una mujer!

 

Dios reacciona finalmente

 

-Dios.- Sí, eso es, una mujer…ya me parecía a mí que era una mujer lo que te hacía falta…pero si te lo iba a proponer…esta memoria mía…

 

-Hombre.- Pero pongamos manos a la obra…

 

-Dios.- ¿Dónde la hago?

 

-Hombre.- Hazla en la cama

 

-Dios.- ¿Y si la hago en la cocina?

 

-Hombre.- Hazla donde quieras, pero hazla.

 

Al ritmo de un mambo que desglosa la cuenta atrás de la creación de la mujer, Dios y el Hombre corretean por el Paraíso a la búsqueda del mejor lugar para su creación. Al correteo se incorpora discretamente el Angel-Serpiente. Finalmente, Dios hace su invocación.

 

-DIOS.- ¡Hágase la Mujer!

 

Se apaga el Paraíso mientras se escucha el ruido característico de conexión a Internet. Segundos más tarde, entra luz. En el centro, una mujer, con una manzana en la mano, baila un ritmo rapero o disco, ante los atónitos ojos de Dios y su obra maestra. Lleva puesta una camiseta y unos jeans, así como un collar de cuentas de colores. Tal vez sea Eva, pero se trata de una Eva contemporánea.

Cuando cesa la música, la mujer observa el Paraíso y sus inquilinos. El hombre no le quita los ojos de encima.

 

-Hombre.- ¡Diablo, mi señor…por una vez has estado afortunado! ¡Qué regalo de hembra!

 

Inmediatamente se acerca a la mujer, examinándola más de cerca.

 

-Hombre.- La verdad es que no está nada mal la criaturita, no señor, no está nada mal…

 

La mujer, un tanto molesta por el examen, lo hace saber irónicamente

-Mujer.- Sólo me falta un lazo… ¿verdad?

 

-Hombre.- ¡Oh… si hasta tiene sentido del humor! ¿Tú la oíste? ¡Dios, eres un verdadero artista!

 

Dios.- Si es que yo cuando me pongo…

 

El hombre gira alrededor de la mujer, observándola con lasciva curiosidad. Ella, molesta, contribuye al examen facilitando atrevidas poses.

 

-Dios.- ¿Te agrada? ¿La encuentras a tu gusto? Fíjate bien si están todos los dientes…son doce arriba, doce abajo, la lengua va en el medio… ¡Papa Dios se porta…!

 

El hombre, finalmente, pone su mano sobre un seno de la mujer, mientras comenta admirativamente su estado

 

-Hombre.- ¡Cómo estás… mami!

 

La mujer corresponde al saludo con un cortés apretón de hoja.

 

-Mujer.- Yo muy bien… ¿y usted?

 

El saludo de la mujer, que sacude sin contemplaciones la “hoja” del hombre no es del agrado de este que, dadas las circunstancias y sosteniéndose la maltrecha “hoja”, se precipita hacia el Creador.

 

Hombre.- ¡Me ha agredido, señor, me ha agredido, a mí, a tu obra maestra!

 

Dios- Ya te advertí los inconvenientes de hacerla a tu imagen y semejanza…ahora no me vengas con que te ha agredido…

 

Hombre.- ¿Es que te vas a quedar de brazos cruzados, sin hacer nada?

 

-Dios.- ¿Y qué pretendes? ¿Que la salude yo también?

 

-Mujer.- Este tiene que ser el Paraíso ¿cierto? Pues yo vengo por lo del anuncio.

 

Hombre.- ¿El anuncio?

 

-Dios.- ¡Caray con la varita!

 

-Mujer.- ¿Y no era aquí que necesitaban una “compañera”?

 

-Dios.- Sí…yo mismo hice la solicitud…Necesitamos una compañera…para el compañero

 

-Mujer.- ¿Y ese sería el…compañero?

 

Dios.- Precisamente…Mujer te presento al hombre; hombre, te presento a la mujer…

 

Ante el riesgo de que se repita el saludo, el hombre retrocede un tanto alarmado.

 

Hombre.- Ya…ya nos habíamos presentado

 

La mujer observa al hombre, más tranquila y confiada.

 

-Mujer.- ¿Y cuál sería el horario¼ las condiciones de trabajo¼?¿Y el contrato, dónde está el contrato?

 

Hombre.- ¿El contrato?

 

Sorprendido por la demanda de la mujer, el hombre busca ayuda divina.

 

-Hombre.- ¿Oíste eso…pregunta por el contrato? Seguro que ya habló con el Angel-Serpiente…

 

-Dios.- Hum, no me gusta nada esta mujer. Primero te vienen con el contrato, luego con el 8 de marzo, con el 25 de noviembre…

 

Hombre.- ¿Qué clase de contrato, laboral o matrimonial?

 

-Mujer.- ¿Y cuál es la diferencia?

 

-Hombre.- Bueno…que en uno te jodes trabajando y en el otro trabajas para que te jodan…

 

La diferencia no es del agrado de la mujer.

 

-Mujer.- Ese contrato como que no tiene mucho futuro…

 

-Hombre.- Como veinte siglos, tirando por lo bajo…

 

-Mujer.- Pues a mí no me convence…

 

-Hombre.- ¿Y qué es lo que no te convence?

 

Mujer.– Todo… el Paraíso, el trabajo, ese viejo…

 

La declaración de la mujer asombra e indigna al hombre y a Dios.

 

-Hombre.– Pero bueno ¿Y qué es lo que pretendes? ¿Ocupar mi puesto, ponerte en mi lugar?

 

-Dios.- ¿Y qué es lo que pretendes? ¿Ocupar su puesto, ponerte en su lugar?

 

-Mujer.- En todo caso  el mío, mi puesto…

 

El hombre busca la complicidad divina.

 

-Hombre.- Es inaudito, acaba de llegar y ya quiere su puesto

 

-Dios.- Bueno, en algún lugar tendremos que colocarla…

 

-Mujer.- ¿Colocarme? ¿Es que encima me van a…colocar?

 

-Hombre.- Podría ser aquí mismo, en la oficina.

 

-Dios.- ¿Aquí? No se, no se, como que no hace juego con los muebles…

 

Hombre.- Pues se pintan de nuevo…Además ella podría recibir y atender a las bestias que nos visitan…ya sabes como son, todos los días vienen con algún problema nuevo, que si me sobra un ala, que si me falta un cuerno…

 

-Mujer.- Entonces, yo voy a ir colocada aquí, en esta oficina….

 

Hombre.- Eso es… ¿qué te parece?

 

La mujer, consciente de que ni Dios ni el hombre la oyen, mucho menos la entienden, se confía al público.

 

-Mujer.- ¡Y pensar que lo único que pretendía era ser yo misma¼ y aquí estoy, a pnto de convertirme en secretaria-objeto.

 

Establecido el juego, la mujer encara el desafío con humor demostrando sus habilidades.

 

-Mujer.- ¡Guau…eso estaría fantástico! Toda mi vida desee tener un trabajo así, tan excitante…

 Pero pase de una maldita vez, señora jirafa… ¿y qué carajo le trae por acá? ¿Cómo? ¿Que todavía no han terminado de estirarle el cuello? ¿Y a mí que me cuenta? ¿Tengo yo la culpa? Rellene una instancia, y póngase en la fila. ¿Y usted cucaracha? ¿Señora o señorita? Eso se lo dirá usted a todas… ¿Cómo va a ser? ¿Que todavía no han terminado de pintarla? Ay ya no me joda o es que se cree que no tengo otro oficio que aguantarles sus pendejas quejas…Haga una solicitud y vuelva dentro de tres meses…

 

El hombre subraya con elogios la actuación de la mujer. Dios no parece muy convencido de que la nueva secretaria se desenvuelva como esperaba, pero prefiere obviar sus diferencias de criterio con el hombre.

 

-Hombre.- Has estado perfecta…ni Dios lo habría hecho mejor.

 

Mujer.- ¿Y eso sería todo lo que tendría que hacer?

 

-Hombre.- Bueno, qué te digo, también deberás ocuparte de…

-Dios.- De cocinar, de lavar, de fregar, de barrer, de…

 

El hombre, alarmado por la crudeza divina, interrumpe a su creador….

 

-Hombre.- Pero qué forma tienes de decir las cosas…Digamos mujer que te cabría el honor y la satisfacción de ocuparte del quehacer doméstico en el ámbito del Paraíso…

 

-Dios.- Y mira que el trabajo dignifica…

 

-Mujer.- Y como ustedes ya son dignos…ahora me quieren hacer el favor a mí…

 

-Hombre.- Pero no te aflijas mujer… porque también está la noche.

 

-Mujer.- ¿La noche? ¿Y qué podría hacer yo cuando llegue la noche…? ¿Haré punto? ¿Acostaré a las bestias? ¿Les plancharé sus uniformes de colegio?

 

-Hombre.- No… por la noche no.

 

-Mujer.- Ah, ya caigo…por las noches…daré gracias a Dios…

 

-Hombre.- No, por la noche no…

 

-Dios.- Por la noche nunca está de más una oración de gracias

 

-Hombre– No claro que no, mi señor, nunca está de más una breve oración antes de acostarse…

 

-Dios.- O un aleluya jubiloso….

 

-Hombre.- Sí…o un aleluya…

 

-Dios.- O un…

 

Antes de que Dios tenga tiempo de introducir alguna nueva variante nocturna, el hombre lo interrumpe con sequedad.

 

-Hombre.- Y sin más interrupciones…

 

-Mujer.- Entonces…

 

-Hombre.- Entonces…

 

-Mujer.- Entonces… ¡amanece!

 

Hombre.- ¡Que no, que no amanece todavía!

 

El hombre parece desesperado, la mujer, decidida a seguir el juego, lo ayuda a confundirse.

-Mujer.- Ah…ya entiendo, ahora veo por donde vas, pero no tenías que dar tantos rodeos…Si a mí también me gusta…

 

El hombre recupera el ánimo; la mujer, la iniciativa.

 

-Mujer.- Entonces…apagas la luz…yo me desnudo…tú te desnudas…

 

-Hombre.- ¿Y entonces?

 

-Dios.- Y se ponen la pijama…

 

-Mujer.- Y nos quitamos la pijama…y la ropa interior….

 

-Hombre.- ¿Y entonces?

 

-Dios.- Se cubren con las sábanas…

 

-Mujer.- Pero nos vamos descubriendo lentamente…

 

-Hombre.- ¿Y entonces?

 

En un brusco cambio de actitud, la mujer termina el juego.

 

-Mujer.- ¡Entonces yo estoy con la menstruación, se me han acabado las compresas y a ti se te olvidaron los condones!

 

Visiblemente afectado, el hombre retrocede buscando consuelo divino.

 

-Hombre.- ¿Por qué siempre me tiene que pasar lo mismo?

 

Dios.– ¿Siempre te dejas los condones, hijo mío?

 

Hombre.- Pero señor, ¿no ves que esa mujer se está burlando de nosotros…?

 

-Mujer.- ¡Pero¼ será posible! Ahora resulta que yo los he decepcionado, y es que no podía ser de otra manera, al fin y al cabo soy mujer y para nosotras decepcionar es casi una obligación.

Naces, y ya estás decepcionando a unos padres que esperaban su machito, y una sigue creciendo y decepcionando…hasta que te casas, para no decepcionar a la familia,  claro que, entonces, decepcionas al esposo y más tarde a los hijos…

 

-Hombre.- Mira señor, que esta mujer no sólo decepciona, sino que además ofende.

 

-Dios.- No blasfemes, mujer, no blasfemes…Escrito está que parirás con dolor y guardarás obediencia, respeto y fidelidad a tu padre y esposo por los siglos de los siglos…

 

-Hombre.- ¡Amén!

-Mujer.- Ya estamos, en cuanto se les terminan los argumentos te salen con el manual de instrucciones…

 

Dadas las circunstancias, Dios cambia de estrategia y al oído cuchichea al Hombre nuevas recomendaciones. El hombre vuelve a tomar la iniciativa.

 

-Hombre.- Mira mujer, la madre naturaleza nos hizo diferentes…

 

-Dios.- ¿Cómo que la madre naturaleza?

 

El hombre rectifica sobre la marcha.

 

-Hombre.- Dios, Dios nuestro señor, quise decir…nos hizo diferentes. Para mí creó la fuerza, la iniciativa, la audacia, la inteligencia…A ti te reservó la prudencia, la delicadeza, la ternura…Tuya es la belleza, la ingenuidad, la magia, la noche… el amor…

 

Dios no aguanta más e interrumpe el inventario del hombre, en términos que no dejan lugar a duda.

 

-Dios.- ¡Y el pecado!

 

El hombre tampoco quiere que su Dios padre desconfíe de sus pías  intenciones

 

-Hombre.- Sí señor…y el pecado. Ya estaba tratando de engatusarme. ¿Has visto cómo me provocaba? ¿Cómo me incitaba a la perdición?

 

-Dios.- Yo te protegeré…que nada has de temer si invocas mi nombre.

 

La actitud imperativa de Dios, interponiéndose entre el hombre y su tentación, parece poner a buen recaudo la castidad del hombre quien, no obstante, no las tiene todas consigo.

 

-Hombre.- ¿Y si la tentación me amenazara en medio del desierto proceloso o en los abiertos espacios infinitos y no llegara a tus oídos mi súplica?

 

-Dios.- Invoca mi nombre y cesará la tentación.

 

-Hombre.- ¿Y si fuera tentado en los recónditos abismos o en los inhóspitos páramos y no advirtieran tus ojos mi debilidad?

 

-Dios.- Invoca mi nombre y cesará la tentación.

 

-Hombre.- ¿Y si la tentación fuera…sorda, eh, qué podría hacer sino sucumbir dignamente a la tentación?

 

El hombre se abalanza hacia la mujer. Indignado Dios con su obra maestra lo retiene violentamente, arrojándolo al suelo.

Dios.- Hombre de poca fe. Si tu mano te fuera ocasión de caer, córtatela, que mejor te es entrar a la vida manco que tener las dos manos e ir al infierno. Y si tu pie te fuera ocasión de caer, córtatelo, que mejor te es entrar a la vida cojo que tener las dos pies e ir al infierno. Y si tu ojo te fuera ocasión de caer, sácatelo, que mejor te es entrar a la vida tuerto que tener los dos ojos e ir al infierno. Y si tu miembro te fuera ocasión de caer…

 

-Hombre.- Invocaré tu nombre señor, invocaré tu nombre, y tus apellidos y tu cédula de identidad y…

 

-Mujer.- ¿A que al final va a resultar que yo traté de violarlo?

 

Hombre.- ¡Oh lo que ha dicho…! ¿La has oído señor? ¡Es una perdida…por favor, no lo permitas, no permites que me viole, protégeme…Ayúdame señor, ayúdame a mantenerme puro…Quiero ser puro, quiero ser casto, quiero ser puro…

 

-Mujer.- ¿Pero será posible? 

 

-Hombre.- Calla mala pécora…desgraciada… ¿no te gusta trabajar eh?

 

Dios interviene tratando de serenar los ánimos y urde una nueva estrategia.

 

-Dios.- Tranquilo, tranquilo, no permitas que te ponga nervioso…

 

Tras la pausa y las nuevas recomendaciones, el hombre vuelve a intentarlo.

 

-Hombre.- Evidentemente, existen una serie de contradicciones que deben ser analizadas a la luz de la lógica… ¿correcto?

 

-Dios.- Correcto

 

-Hombre.- Y la mayoría de estas contradicciones tienen que ver con las responsabilidades que cada quien asumiría en la organización del trabajo… ¿correcto?

 

-Dios.- Correcto

 

-Hombre.- De esta manera arribamos a uno de los problemas que aquí se han suscitado…el problema de la limpieza. Y la solución a este problema no puede ser más evidente. En lo sucesivo, cada animal será responsable del aseo de su cueva o nido… ¿Correcto?

 

-Dios.- Eso si que no, conmigo no cuenten, yo tengo que crear.

 

-Hombre.- Bueno mujer, yo podría ayudarte con la limpieza… Y en lo que a la comida se refiere…

 

-Dios.- Yo tengo que crear.

 

-Mujer.- No te esfuerces, no te esfuerces…tú diseñarías el menú.

 

-Hombre.- Bueno, tú mujer también tendrás que hacer algo, porque no voy a ser yo el que se tire todo el trabajo arriba…

 

-Mujer.- Por supuesto…Además un hombre necesita reponer energías tan jornada tan dura, tan agotadora…

 

El hombre sigue teniendo problemas para entender la ironía de la mujer.

 

-Hombre.- ¿Y de las noches de amor a la pálida luz de la luna? ¿Qué podríamos decir? ¿Cómo repartirnos el embrujo, la magia de dos cuerpos transpirando placer sobre un lecho de rosas? ¿Cómo dividirnos la pasión, la vehemencia…?

 

-Dios.- Bueno, yo los domingos no trabajo…

 

-Hombre.- ¿Y de nuestros hijos…de todos nuestros hijos…uno, dos, tres, nueve, veinte…

 

La mujer ya no aguanta más.

 

-Mujer.- ¿Pero bueno y qué es esto? Mejor búscate la gallina porque yo como incubadora no llego a tanto…

 

-Hombre.- ¿Tú la oyes mi señor? Haz que se ponga en su lugar.

 

-Dios.- Ponte en tu lugar

 

-Mujer.- ¿Y cuál es mi lugar….? porque cuando venía para aquí me pareció oír algo relacionado con la cama, con la cocina…

 

-Hombre.- La cama

 

-Dios.- La cocina

 

Hombre y Dios.- El lugar que te corresponde

 

-Mujer.- Cierto… ¿cómo no me había dado cuenta antes? ¿Cuál es mi lugar? El lugar que me corresponde. No busques, no te vuelvas, no preguntes, no entiendas, no te juntes, no subas, no te asomes, no interrumpas, no llegues, no vayas, no contestes… .¿hacemos el amor? Ese es mi lugar ¿verdad? pero me temo que se han equivocado de lugar y de mujer porque yo me voy.

 

-Hombre.- ¿Pero mujer…qué estás diciendo?

 

-Mujer.- Que me voy, que me abro, que ni este es el Paraíso que yo quería ni yo soy la mujer que ustedes esperaban, así que mejor búsquense otra bestia porque yo me voy.

 

El hombre y Dios no salen de su asombro.

-Hombre.- ¿Tú la oyes, mi señor…está diciendo que se marcha?

 

-Dios.- No le hagas caso…sólo está tratando de impresionarte…

 

-Hombre.- No te vayas, mujer, no te vayas. Si es porque eres estéril y no puedes darme hijos, no importa…adoptaremos una bestia.

 

-Mujer.- Que no, que no es eso…El anuncio hablaba de una compañera y aquí, por lo que veo, se necesita cualquier cosa menos eso.

 

-Hombre.- ¿Quieres que firmemos ya el contrato?

 

-Mujer.- Mira, ni me lo menciones.

 

-Hombre.- ¿Y a dónde vas a ir, sola por esos mundos?

 

Mujer.- La verdad es que no tengo muy claro a dónde voy a ir, pero sí sé con certeza dónde no quiero estar. En alguna parte sé que voy a encontrar un lugar en el que se me respete, en el que se me trate de igual a igual, donde a nadie le tenga que pedir permiso para ser y soñar, un lugar donde nadie decepcione a nadie…no sé dónde, tal vez en el infierno…pero voy a encontrar ese lugar o voy a hacerlo.

 

-Dios.- Eso es una utopía.

 

-Mujer.- Tal vez, pero entre esa utopía y esta realidad, la elección es clara

 

Hombre.- Pero señor, que es verdad que se va, que se está yendo, ofrécele lo que sea, pero que se quede, que se quede conmigo….

 

-Dios.- Espera mujer, no te vayas…

 

-Mujer.- ¿Qué pasa? ¿Todavía no se han terminado las ofertas? ¿Qué me van a ofrecer ahora…embarazos de seis meses?

 

-Dios.- ¿Y si fueran tres meses y sin menstruación?

 

-Mujer.- Abur…..

 

Un sepulcral silencio acompaña a la Mujer en su partida. El Hombre no reacciona. Dios parece más preocupado por la desolación humana que por la marcha de la Mujer. Algo se le ocurre y se acerca al Hombre con renovado optimismo.

 

-Dios.- ¿Y qué tal una buena yegua…o una becerrita?

 

El Hombre, abstraído, parece no prestar atención a las propuestas divinas. la partida de la Mujer lo ha dejado sumido en un estado de inconsolable desolación.

-Dios.- No hay que dejarse abatir por la cruel adversidad. Debemos ser fuertes para encarar los golpes que el destino inescrutable nos reserve. La vida sigue su agitado curso y si algo sobra en el Paraíso son bestias. Lo que pasa es que tú no has buscado bien, pero verás que muy pronto resolvemos todo divinamente.

 

El Hombre encuentra un resquicio en su febril estado y lacónico exclama

 

Hombre.- Se ha ido…

 

-Dios.- Sí, se ha ido ¿qué le vamos a hacer? Pero no es tan mal suceso que se haya ido.

Demasiados problemas, demasiadas quejas… nada la conformaba. Bueno, que te voy a decir yo, tú estabas ahí cuando esa mujer salió con toda esa prepotencia y malacrianza…

 

-Hombre.- Se ha ido…

 

-Dios.- Sí, se ha ido y ya no debemos seguir dándole vueltas al problema. Muy pronto encontrarás otra bestia con la que compartir este vergel…

 

-Hombre.- Se ha ido…

 

-Dios.- Yo desde que llegó imaginé lo que podía pasar, claro que entonces no era el momento de decirte nada…Por suerte, ahora que se ha ido…

 

El hombre parece ir recuperándose y hasta esboza una sonrisa y eleva el tono de su voz.

 

Hombre.- Se ha ido

 

Dios malinterpreta la reacción humana.

 

-Dios.- Sí, se ha ido, eso te estoy diciendo, que se ha ido, que por fin nos ha dejado en paz…

 

El Hombre se incorpora con entusiasmo.

 

-Hombre.- Se ha ido, mi Señor, se ha ido…

 

-Dios.- Sí, ya todo pasó…

 

Hombre.- Y si la Mujer se ha ido…yo también me puedo ir…

 

Dios sale de su error.

 

-Dios.- Vamos, vamos, que ya eres mayorcito para ponerte ahora a decir esas tonterías…

 

Hombre.- Donde nadie decepcione a nadie…

 

Dios.- Pero quieres expresarte como Dios manda…

-Hombre.- Donde todos los seres humanos sean iguales…

 

-Dios.- Pero qué iguales ni qué iguales…Además, si lo que quieres es igualdad, aquí todas las bestias son igual de bestias…

 

Dios palmea el rostro del hombre tratando de que reaccione

 

-Dios.- ¿Pero qué te pasa mi hijo, tienes frío, has comido algo que te sentara mal?

 

-Hombre.- No, no tengo frío, ni me ha dado el sol. la verdad es que nunca me había sentido mejor…Yo también me voy del Paraíso…

 

-Dios.-Mi hijo… ¿qué estás diciendo?

 

-Hombre.- Que me voy, que nada hago ya aquí…

 

Dios.- ¿Y qué voy a hacer sin ti?

 

Hombre.- ¿Y que tal una buena yegua o una becerrita…? Abur…

 

El hombre sale del Paraíso ante un perplejo Dios que no puede evitarlo. Desolado, Dios contempla la que fuera su gloria, su sueño más hermoso, ahora vacío, y desesperado abandona también el Paraíso detrás del hombre.

 

-Dios.- ¡Hombre…no me dejes solo, hombre……!

 

Una vez desaparece Dios, entra a la oficina el Angel-Serpiente que, feliz por el desenlace, toma asiento en la mesa asumiendo las poses del creador. Parece dispuesto a quedarse con la oficina. Coge la Biblia y escribe.

 

-AS.- “Y entonces Dios…enojado por la desobediencia de la mujer que…”

 

Hace una pausa mientras reflexiona.

 

AS.- ¿Qué pongo? Tiene que ser algo que impacte, algo que se venda… ¡Ya está! “…enojado por la desobediencia de la mujer que había dado de comer al hombre del fruto prohibido, expulsó a ambos del Paraíso, para lo cual…los acompañó hasta la puerta”. ¡Sí, eso es! Me ha quedado de premio.

¡Ah¼la firma! Tengo que firmarlo y no puedo poner¼ Dios. ¿O si puedo? Bueno¼Su Santidad¼

Cae el telón.