-Dios.- ¡Hágase la música!
Y solemne, la música obedece a su creador.
-Dios.- ¡Abrase el telón!
Se abre el telón. El escenario permanece a oscuras.
–Dios.- ¡Hágase la luz!
Se ilumina el escenario. Un escritorio al centro, una mecedora a la derecha y un pequeño sofá a la izquierda. Cerca del escritorio un colgador.
Tras el escritorio, Dios, cómodamente recostado, parece absorto en la lectura de un periódico. Su rostro permanece oculto tras las páginas. Sobre la mesa se acumulan expedientes, carpetas, planos, reglas, cartabones, un teléfono, un portarretratos con la foto de Dios, una varita mágica, servilletas, vasos plásticos y restos de pizza.
Suspendido en el aire cuelga el triángulo divino con el habitual ojo de Dios en el centro. Más arriba un lema:»El Paraíso C por A» Se oyen unos golpes. Alguien llama a la puerta. Dios responde sin apartar sus ojos del periódico ni descubrirse al público.
–Dios.- ¡Abrase la puerta!
La puerta se abre y entra el Angel-Serpiente, una especie de asistente que el divino tiene en la oficina. Viste un extraño traje de color verde. De andar ligero y amanerado, lleva una caja envuelta en papeles de brillantes colores con la que cruza la oficina al ritmo de un cadencioso son. Parece encontrarse de muy buen humor.
-Angel-Serpiente.- ¿Cómo le amaneció hoy a mi señor y dueño? Como os lo aseguré vuestra aura ya está lista. Vos no me creíais…»cómo va a ser que en tres días, pues hombre, y como están las cosas en esta época del año…» (imitando el acento y la voz divina)…pero es que La Celestial tiene al servicio de su distinguida clientela la más variada gama de destellos multicolores y a precios verdaderamente milagrosos…¡Vístase de gloria…en la Celestial!
Cuando repara en que Dios, entretenido con la lectura, no le atiende, cambia de tono y de expresión.

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